La noche anterior me costaba conciliar el sueño pensando en el partido que al día siguiente iba a realizar, analizaba mis puntos fuertes y en los momentos de mayor optimismo me olvidaba de aquellos fallos que tantas veces me han dicho que tengo que pulir y que tengo que trabajar, que todo trabajo y esfuerzo tiene su recompensa. Es hora de dormir .Mañana será mi día.

Me encuentro en la pista con mis compañeros perfectamente uniformados, miro a las gradas, aún están vacías, aún queda una hora para empezar. Primera charla con todo el equipo para recordar que tenemos que entrar desde el minuto uno “metidos en el partido”,  nos ponemos a calentar,  las gradas se empiezan a llenar, nos jugamos la temporada y el pensamiento de todos mis compañeros es hacer el mejor partido del mundo.

Quedan 10 minutos para empezar, el entrenador da el quinteto titular y hago mi quiniela de quien saldrá, la verdad, nunca acierto. Vuelvo a mirar a la grada, han venido mis padres y mis abuelos; para mi sorpresa a lo lejos veo venir  a mi hermano, el corazón, ya de por sí acelerado por el partido que esta a punto de comenzar, incrementa su ritmo. Todo iba bien y al ver que el partido se acerca a su comienzo me pongo nervioso…

De repente el árbitro principal da el salto inicial, el partido se desarrolla con intensidad y con mucha velocidad, el partido transcurre y llegamos hasta el 4º cuarto, el partido empatado a 63, noto el cansancio en cada sprint, debo estar próximo a mi tope de pulsaciones, tomo una mala decisión en el juego y el entrenador, que tanto me conoce y que tanto he aprendido de su persona sin él saberlo,  me pide explicaciones, pero no hay tiempo para dárselas; el juego sigue igual de rápido y toca otro sprint ,otro más…mis piernas me van a reventar, llego cansado a la jugada y con el marcador en 65-66 y a falta de 16 segundos acierto en la jugada, esta vez me felicita el entrenador y recibo un gesto de complicidad por parte de mis compañeros, el partido finaliza.

Se oyen gritos de alegría, mientras los contrarios que habían hecho una temporada muy buena lloran en el suelo, acaban de perder la final. Nos damos todos la enhorabuena, y comienza  un descanso merecido hasta la próxima temporada.

Me acerco a la grada y me felicita mi familia orgullosa del partido realizado. Recuerdo este momento con mucha alegría, recuerdo a mis compañeros, recuerdo el pabellón lleno, los gritos de ánimo, las protestas, los aplausos de mi familia…era una sensación muy bonita que no borraré de mi mente. Todos aquellos a quienes nos gusta el baloncesto sentimos cosas muy especiales y me atrevería a decir que muy parecidas.

Mi labor en ese partido no era otra que la de la de Árbitro auxiliar y yo creo que los jugadores, los entrenadores, árbitros, oficiales de mesa y los miembros de los equipos  ese día, el día de la final, sentimos todos lo mismo, todos salimos con las mismas ganas, la misma ilusión y todos queremos hacerlo bien.

TODOS HACEMOS BALONCESTO

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